Aria y el Banco de la Amistad
El nuevo banco del parque tenía un letrero: 'Banco de la Amistad, siéntate aquí si deseas un amigo'. A Aria le gustaba la idea, pero nunca lo había usado. Hoy, sin embargo, el patio de juegos se sentía enorme y ruidoso, y su amigo habitual no había ido a la escuela. Así que Aria se acercó y se sentó, balanceando los pies que no llegaban al suelo.
En un instante, aparecieron tres niños.
Leo se acercó primero, en su silla pintada con estrellas brillantes. "Soy Leo. Soy nuevo. ¿Quieres estar en nuestro equipo?" Detrás de él, Iris, que saludaba con las manos rápidas y sonrientes en lenguaje de señas, y Bo, que llevaba una pequeña bolsa de tizas. "Estamos empezando un club de murales de tiza", dijo Bo. "Es nuestro primer día."
La cara de Aria se iluminó. "¡Me encanta dibujar!"
Rodaron, caminaron y saltaron hasta la gran pared gris junto al tobogán. Leo repartió tizas. Iris hizo una seña del color que quería, y Aria copió la seña, lentamente, luego con una risita cuando lo hizo bien. Bo comenzó una larga nube rizada. Aria añadió una escalera hasta ella. Leo dibujó un cohete. Iris pintó un sol radiante, y todos hicieron la seña de 'sol' juntos, con los dedos extendidos como rayos.
Algunos otros niños se acercaron. "¿Podemos unirnos?" preguntaron unos gemelos con hoyuelos idénticos.
"¡Sí!" dijeron los cuatro a la vez. "El mural es para todos."
Al final del recreo, la pared era una explosión de color: una ciudad de nubes y cohetes y muchos, muchos soles. Los niños se echaron hacia atrás, con las manos llenas de tiza y orgullosos.
La Srta. Park tocó el timbre. Aria se giró hacia sus nuevos amigos. "¿Mañana a la misma hora?"
Todos asintieron. Leo con una sonrisa, Iris con una seña rápida, Bo con un pulgar hacia arriba. El Banco de la Amistad, se dio cuenta Aria, no le había dado un amigo. Le había dado cuatro. Y mañana, quizás cuatro más.
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